En la actualidad (1991) muy poco se sabe, a ciencia cierta, de los asentamientos prehispánicos que hubo en lo que hoy conocimos como Irapuato. Esto se debe, sobre todo, a la escasa investigación antropológica (arqueología, antropología física, etnohistoria, etc.) realizada en nuestro municipio; motivo por el cual la mayoría de los trabajos que encontramos publicados acerca del tema no están lo suficientemente documentados.

  Es por esto que existe tanta confusión (żo desconocimiento?) en cuanto a la existencia o no de asentamientos prehispánicas permanentes en la zona que nos ocupa, y, en el caso de su existencia, en cuanto a los grupos que los habitaron.

  La intención de este trabajo es esclarecer un poco la situación real existente y, por qué no, dejar la pauta para futuras investigaciones al respecto.

  Frecuentemente se ha manejado la no existencia de asentamientos prehispánicos permanentes en lo que hoy es Irapuato. Hay quienes afirman que solamente con la llegada de los españoles se da la primera ocupación humana permanente (Gallardo Frías, 1990).

  Para comenzar, es conveniente mencionar que dentro del periodo de ocupación anterior al español, Irapuato fue habitado por grupos de cazadores-recolectores, agricultores, sedentarios; y posteriormente, reocupado por grupos seminómadas.

  La población de cazadores-recolectores en la zona se caracteriza por un patrón de subsistencia basado (como su nombre lo indica) en la recolección de frutos silvestres y en la caza de pequeños animales propios de la región. Debido a que estos grupos eran seminómadas, es difícil encontrar materiales de sus campamentos, tales como cimientos de cuartos o restos de alguna otra área de actividad relacionada con su economía de subsistencia, la cual correspondería al Horizonte Preclásico (Formativo) temprano, es decir, al lapso comprendido entre los años 1 300 y 1500 a. C. aproximadamente.

  Posteriormente, en el sur del estado de Guanajuato, en los límites con Michoacán, aparece un foco de cultura caracterizado por su producción alfarera, así como por la manufactura de un cierto tipo de figurillas de barro. Me estoy refiriendo a la Cultura Chupícuaro (500 a. C. I 300 d.C.), cuyo principal "centro" está localizado en la confluencia de los ríos Lerma y Coroneo.

  A pesar de que es una tradición alfarera muy conocida, ha sido al mismo tiempo muy poco estudiada; sin embargo sabemos que tuvo un amplio margen de influencia al haberse encontrado piezas Chupícuaro tanto en el norte de México, como en la región del Altiplano Central.

  Así, a causa de esta marcada influencia, y a la cercanía deĦ área que nos ocupa, sería absurdo pensar que no hubo, en algún momento, cierta presencia Chupícuaro en Irapuato. Prueba de esto son algunas de las figurillas que se han encontrado en los alrededores del municipio ,que si bien no son totalmente idénticas a las de Chupícuaro, sí denotan cierta influencia en su manufactura.

  Ya con la presencia Chupícuaro en la zona, se puede hablar del establecimiento de grupos sedentarios, en lo que en fechas correspondería al Horizonte Clásico del centro de México, es decir al lapso comprendido en el periodo 200-1000 d.C. Se da en esta región una total ocupación por parte de pueblos agrícolas permanentes con una organización socioeconómica compleja, lo cual está demostrado por el patrón constructivo que se sigue en los sitios localizados en la mayor parte del estado de Guanajuato y, por ende, en el municipio de Irapuato. Dicho patrón está caracterizado por la presencia de basamentos piramidales, patios cerrados y hundidos, plazas, áreas habitacionales y extensas zonas terraceadas..

  Además de los restos arquitectónicos que nos encontramos en todo lo largo y ancho de Guanajuato, otro punto más que nos habla de la presencia de grupos agricultores, y por lo tanto sedentarios, en Irapuato, es la inmensa cantidad de cerámica (completa o fragmentada), así como de implementos de molienda (metates, manos, etc.) que se encuentran en toda la zona rural y suburbana del municipio.

  Cabe aclarar, en este momento, que esta zona casi siempre estuvo sometida a fricciones entre los diferentes grupos colindantes para apropiarse de los codiciados recursos de la región (Castañeda, 1988). Entre estos recursos, aparte de la flora y la fauna características de este hábitat, podemos mencionar los yacimientos de obsidiana, basaltos, canteras, riolita y calcedonia, entre otros; además de las magníficas redes de comunicación del área (Nieto, 1988; Zepeda García, 1988).

  A partir de ese momento (1200-1400 d. C.), se nota un cambio muy marcado en el patrón de asentamientos en toda el área. los sitios dejan de establecerse en las zonas bajas y pasan a ocupar los lugares altos, estratégicamente ubicados, fortificados y, por lo tanto, de carácter totalmente defensivo (Zepeda García, 1988). Todo esto nos evidencia que para esta fecha la zona se volvió muy inestable, política y económica- mente y, por lo tanto, fue un área de invasiones constantes.

  Tal parece que los asentamientos locales (de la zona de Irapuato) resistieron bastante bien todos los embates de los demás grupos del norte y el occidente de México, pues era un territorio fuertemente defendido por los "tarascos" y por los m Ħsin os habitantes de la zona, pero cuando los invasores espa- ñoles sometieron al estado tarasco (en las primeras décadas del siglo XVI), toda la región sufrió una "caída" y el territorio quedó en manos de grupos chichimecas.

  Con este "apoderamiento" chichimeca de la región se establece la última etapa de ocupación prehispánica en el municipio la cual se caracterizó por una "regresión" a la vida seminómada de caza-recolección, alternada con una agricultura semisedentaria, siendo éste el modo de vida de los habitantes que encuentran los primeros españoles que llegan a la región. Tal vez sea por esto que no se habla con frecuencia del municipio como de una región con grandes asentamientos huma- nos anteriores a la dominación española; pues los sitios mayores ya estaban desocupados cuando comenzó la invasión.

  Esto se ve reflejado en las crónicas coloniales, ya que si no mencionan a Irapuato como un lugar "importante" al momento de que pasan las huestes invasoras, no es porque nunca hubiera existido anteriormente, sino porque en el tiempo en que se hace la Crónica ya los sitios se encontraban o bien deshabitados o con reocupación de los grupos chichimecas.

  En lo que respecta a los habitantes indígenas de Irapuato, hay quienes dicen que fueron chichimecas, lo cual es verdadero, hasta cierto punto; pues el término "chichimecas" es un nombre genérico que reúne a diferentes grupos, entre los cuales se puede mencionar a: pames, guachichiles (o cuachichiles), guamares, zacatecos, cocas, etc.

  De acuerdo con Valiñas (1988) y con los estudios de Jiménez Moreno (1988), los antiguos pobladores de Irapuato fueron, en su mayoría, de origen pame los cuales habitaron la mayor parte del municipio, y guachichiles, que solamente ocuparon una pequeña porción occidental del territorio; esto para épocas tempranas. Posteriormente (1300- 1400 d. C.), se da una penetración de origen tarasco (purépecha) que llega a tener influencia en casi todo el actual municipio de Irapuato, pero se encuentra más fuertemente representada en la parte sur del mismo territorio.

  En lo que respecta a la población otomí, puede decirse que regularmente estuvo confinada a la porción oriental del estado de Guanajuato (Sierra Gorda), en los límites con Querétaro. La presencia de habitantes de este grupo, en el área que nos ocupa, se da en un momento muy tardío, pues, al parecer, es hasta con la dominación española en que se podría hablar realmente de habitantes otomíes en Irapuato.

  En cuanto al significado etimológico del nombre de Irapuato existen varias interpretaciones. De todas éstas considero que la más apropiada es la que refiere Corona Núñez (1986). El lo atribuye a las raíces tarascas (purépechas): Irap: "cerro o cosa redonda"; hua: "emerge en una llanura"; y to. terminación de lugar; lo cual nos da el topónirno Irap-hua-to, que literalrnente significa: "cerro que emerge en una llanura".

  Si realizamos un análisis de la topografía del municipio, es fácil notar que el cerro de Bernalejo, mejor conocido como cerro del Piloncillo, es una estructura natural muy característica de la región; ubicada en una zona en la cual existen los recursos suficientes para mantener a una población permanentemente.

  Es conveniente anotar que en tiempos prehispánicos se daba la costumbre de nombrar a un lugar por el aspecto del paisaje que lo rodeaba o que formaba el lugar mismo La presencia de habitantes de este grupo, en el área que nos ocupa, se da en un momento muy tardío, pues, al parecer, es hasta con la dominación española en que se podría hablar realmente de habitantes otorafes en Irapuato.



P&aacutegina Anterior Mapa Principal